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Badajoz

REDACCIÓN: Jaime Rubiano Lebrusan, Javier Píriz González, Iñaki Ganuza López, Pablo González Rodríguez, Pedro Serrano Suárez de Venegas, Fernando Mena Abreu

'De Oriente Próximo, me atrae la gente y tratar de entender unos sistemas políticos endemoniados'

Foto 'De Oriente Próximo, me atrae la gente y tratar de entender unos sistemas políticos endemoniados'
Ángeles Espinosa en Pakistán. CEDIDA

Ángeles Espinosa, corresponsal de EL PAIS en Dubai, antes en Tehran, Baghdad, Cairo y Beirut. Es autora de 'El tiempo de las mujeres', 'El Reino del Desierto' y 'Días de Guerra'.

27.04.2018 - THE NEWSPAPER

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Damos las gracias a Ángeles Espinosa por sus respuestas tan interesantes salpicadas de la realidad del periodista en medio de tiroteos, ataques con armas pesadas y más que podéis leer en nuestra interesante entrevista. Bueno, interesantes las respuestas... Ha vivido el peligro de cerca, ha entrevistado a personalidades de Oriente Medio y ha escrito libros que hay que leer. 

Pregunta. ¿Por qué decidió dedicarse al periodismo?

Respuesta. Porque quería conocer el mundo y, sobre todo, la gente que vive en él.

P. ¿Cuál ha sido su trayectoria profesional como periodista?

R. Empecé haciendo prácticas en el periódico La Riojaalgo natural porque soy de Santo Domingo de la Calzada; también hice alguna sustitución en la emisora provincial de la Cadena SER. En el verano de 1984, entré como becaria en EL PAÍS y cuando, al terminar las prácticas, la redactora jefe me dijo si quería quedarme, me costó entender lo que me estaba diciendo. Aún no había terminado la carrera y ese último año, yendo a clase por la mañana y trabajando por las tardes fue el mejor entrenamiento para el duro trabajo que me esperaba.  A partir de ahí, una cosa llevó a otra. Enseguida quedó una vacante en Beirut y me ofrecí voluntaria (a pesar de mi falta de experiencia). No me cogieron esa vez, pero un año después trasladaron al colega que habían enviado y me dieron la oportunidad, convirtiéndome en la corresponsal más joven del periódico con 24 años. Luego me trasladaría a El Cairo, Bagdad, Teherán...y hasta ahora.

P. ¿Qué le atrae especialmente de los países en los que ha estado trabajando?

R. La gente, siempre la gente. Bueno, y unos sistemas políticos endemoniados, que he intentado entender sin éxito, porque al no contar con su propia población están condenados al fracaso.

P. ¿Qué visión se tiene de España desde esos países?

R. En muchos aspectos nos conocen mejor que nosotros a ellos. Hay muchos jóvenes que estudian español, tanto en los centros Cervantes como en las universidades e incluso academias privadas. Pero también hay con frecuencia una idealización de nuestro país como la Al Andalus pérdida de la época gloriosa del islam. Al final, la idea que tiene cada cual depende sobre todo de su educación, de si ha leído, viajado a nuestro país o hay contactos culturales y comerciales. Se nos conoce más en Egipto que en Pakistán, por ejemplo.

P. Cuéntenos anécdotas de su experiencia como corresponsal.

R. Uy, así en frío... A menudo mis familiares y amigos creen que soy muy valiente porque cubro guerras (lamentablemente Oriente Próximo tiene abundancia de ellas), pero la verdad es que soy muy gallina, me asusto enseguida. Lo que sucede es que cuando estás en una situación de riesgo no tienes tiempo de tener miedo porque tienes que poner todos tus sentidos alerta para intentar no meter la pata. A menudo es peor lo que sucede después. Al principio de mi carrera, cuando vivía en Beirut durante la guerra civil, tenía que viajar a Israel para cubrir la Intifada palestina y, por supuesto, no podía hacerlo por la frontera entre ambos, ya que estaba cerrada. El aeropuerto también estaba cerrado por los combates. Así que la única posibilidad era salir en barco hacia Chipre. Fue rocambolesco porque, debido al continuo bombardeo que estaba sufriendo el puerto y sus alrededores, el capitán del navío no quería acercarse, así que al final, la compañía decidió llevarnos en lanchas hasta el barco... una locura en medio de la lluvia de proyectiles. Cuando ya de madrugada llegamos a Larnaca, me fui al hotel y caí rendida en la cama. Una o dos horas después, me despertó un fuerte estruendo y, convencida de que había estallado una bomba en mi lancha, me tiré instintivamente al suelo... Lo único que había pasado es que alguien había dado un portazo...

En un tono más ligero, nunca olvidaré como el verano pasado, cuando cubrí los últimos combates para liberar Mosul del Estado Islámico, el conductor kurdo que me llevaba ponía a todo volumen Despacito para no oír el ruido de las explosiones y conjurar el miedo. Ahora cada vez que oigo esa canción, se me eriza la piel.

P. ¿Qué momentos de peligros o especiales ha sufrido? ¿A qué personalidades ha entrevistado o con las que se ha encontrado alguna vez?

R. Uno no suele ser consciente del peligro en el momento, sino que a menudo se da cuenta después, cuando ha salido del trance. Sin embargo, nunca podré olvidar el terror que nos envolvió a mi fiel conductor Ali, a otro colega y a mí regresando de Samarra a Bagdad. Volvíamos con el tiempo justo para poder redactar y enviar la crónica sobre un atentado que habíamos estado investigando en la primera ciudad. De repente, el tráfico se ralentizó y nos percatamos de que dos coches por delante del nuestro iba un convoy militar estadounidense. Por razones de seguridad, no permitían que ningún vehículo les adelantara. Empezamos a ponernos nerviosos y a quejarnos de que, por su culpa, íbamos a andar muy mal para enviar la crónica (que ya habíamos empezado a escribir en el coche, y no, no había posibilidad de conectarse con datos, porque entonces Internet sólo se lograba en Bagdad y dos o tres ciudades más). En esas estábamos cuando el convoy fue atacado por un grupo de insurgentes que se encontraban escondidos a ambos lados de la carretera. Primero con obuses y lanzagranadas, luego, cuando los soldados empezaron a responder, con ametralladoras de todos los calibres. Ali no sabía qué hacer. No podíamos avanzar y los coches que venían por detrás formaban un tapón que impedía retroceder. Nos encontrábamos en medio del fuego cruzado. No me preguntéis cómo, pero logré agazaparme en el escaso espacio entre el asiento del copiloto y el salpicadero, intentando que al menos así no me cortaran los cristales si estallaban porque la verdad es que aquello no era ninguna protección contra los morteros... Tampoco sé cómo logramos salir de aquella. Sólo que una hora y media después estábamos de vuelta en Samarra dando las gracias por estar vivos y rehaciendo una crónica que, finalmente, dicté por teléfono.

Respecto a las entrevistas, he logrado acceder al mayoría de los jefes de Estado o de Gobierno de la región: desde el histórico líder palestino Yasir Arafat hasta el fallecido rey Abdalá de Arabia Saudí, pasando por dos presidentes de Irán, Jatamí y Ahmadineyad, el rey Abdalá de Jordania, el israelí Netanyahu cuando era ministro de Exteriores, el rey Zahir de Afganistán, el anterior presidente afgano Karzai, al actual presidente afgano Ashraf Ghani cuando era ministro de Economía, al ministro de Exteriores del régimen talibán... Aunque el trabajo nunca se termina porque, aunque la mayoría son autócratas que se prolongan en el poder, de vez en cuando también cambian.

P. ¿Qué libros ha publicado? Háblenos del último si no le importa.

R. Cuando hacía mi máster en EEUU, contribuí a un libro sobre las relaciones entre EEUU y Japón. Pero en España, el primer libro que publiqué, junto a mis colegas Masegosa y Baquero, fue Días de Guerra. Diario de Bagdad, sobre la experiencia que vivimos durante la invasión estadounidense de Irak en 2003. Luego, ya en solitario, escribí El Reino del Desierto, el primer libro en español sobre la Arabia Saudí contemporánea, en el que intenté explicar cómo era el país del que surgió Osama Bin Laden. Ahora acaba de salir El tiempo de las mujeres que es una recopilación de crónicas sobre la situación de la mujer en los países en los que trabajo, las trabas legales que afrontan, su lucha por la igualdad, sus avances y los cambios sociales a los que contribuyen. Os animo a comprarlo porque he donado los derechos de autor a la ONG Alianza por la Solidaridad para financiar una clínica destinada a las refugiadas sirias en Jordania.

P. ¿Qué recomendaría a jóvenes que estén pensando en dedicarse al periodismo? ¿Idiomas, leer, viajar??

R. El periodismo no es sólo el periodismo internacional, aunque éste sea mi pasión. Tanto o más importante es el periodismo local y nacional. Tal vez para (des)cubrir las corruptelas de las administraciones locales o las mafias de la droga de una provincia determinada no haga falta saber árabe o chino, lo que siempre es necesario es tener la mejor formación posible. Conocer la historia, nuestro entorno político y social, saber cómo funciona el sistema económico... Para ello, leer, leer y leer es fundamental. También tener empatía con quienes son sujetos de nuestras informaciones, especialmente en el caso de las personas más desfavorecidas. Antes de enviar/postear/colgar/lanzar, hay que ponerse en el lugar del otro y saber que se han cubierto todos los ángulos posibles, con ecuanimidad.  

Muchas gracias por su tiempo y su interés.