Concurso Escolar del Diario HOY 2019
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Colegio La Asunción

Cáceres

REDACCIÓN: María González Pulido, María Pinto Bermejo, Sofía Muñoz Manzano, Marta María González-Sandoval Panadero, Marta García Ruiz, Javier Santos Pacheco

"En mi vida ha habido un antes y un después"

Foto "En mi vida ha habido un antes y un después"
Belén en el Congo.

Entrevistamos a Belén Jiménez. Realizó un voluntariado con Manos Unidas en el Congo.

Reportaje

27.04.2019 - María Pinto Bermejo y Marta Mª González-Sandoval Panadero.

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Entrevistamos a Belén Jiménez Sánchez, una extremeña de 58 años. Es Licenciada en Derecho y experta en Cooperación Internacional. Actualmente, es traductora. Está casada y tiene tres hijos. Realizó un voluntariado en África con Manos Unidas.

Pregunta.-¿Cómo conociste a Manos Unidas y cuánto tiempo llevas con ellos?

Respuesta.-Yo a Manos Unidas lo recuerdo desde que era pequeña. Recuerdo que en la puerta de mi parroquia en Plasencia había siempre unos carteles y, en un momento del año, pedían dinero. 

Cuando me marché a trabajar con la obra misionera Ekumene al Congo, Manos Unidas nos financió varios proyectos. Nos dio para comprar una tienda en el centro de la ciudad de Lubumbashi, allí vendíamos los productos que se fabricaban en las cooperativas de mujeres. También, nos ayudó en la compra de unos bueyes y la construcción de unas casas, en una granja que Ekumene llevaba junto con maestros. Esto les servía para completar sus salarios, para dar de comer a su familia. Al terminar sus 
clases, se iban a trabajar al campo. 

P.-¿Cuál has sido tu labor principal allí?

R.-Cuando estuve en el Congo, lo primero que hice fue ver en qué proyecto iba a trabajar. El primero fue en esta granja y luego ya fue con cooperativas de mujeres. 

Después se volvió a reabrir una escuela de formación de jóvenes de chicas porque allí las chicas a una edad determinada cuando no son capaces de seguir la escuela, se quedan en la calle. En nuestro centro, les dábamos cursos sobre cultura general y también las enseñamos a coser.

Cuando empezó el proceso de democratización, yo estaba en la Comisión de Justicia y Paz y, junto con un grupo de profesores y de abogados, creamos una asociación para ir hablando sobre la democracia, ya que cuando fui al Congo había una dictadura, que era la del general Mobutu Sese Seko. 

P.-¿A qué parte de África fuiste y qué hiciste allí?

R.-Fui a Lubumbashi, en el sur de África y es una zona minera. Hay mucho cobre y muchas minas. 

P.-¿Qué fue lo que más te llamó la atención de África?

R.-Muchas cosas. Yo siempre digo que en mi vida ha habido un antes y un después de esta experiencia que viví. Es verdad que se ampliaron mucho mis horizontes. Experimenté que lo seres humanos somos todos iguales. Si yo hubiera nacido en ese continente, en esas circunstancias, en esa pobreza, pues hubiese reaccionado igual que ellos. En una primera etapa, yo trabajaba con mujeres que no sabían escribir ni hacer cuentas. En cambio, en otra etapa, cuando estuve trabajando en la Comisión 
de Justicia y Paz con abogados congoleños y profesores de Universidad, ahí me di cuenta que podíamos intercambiar ideas, compartir nuestras vidas y fue muy enriquecedor para mí.

P.-¿Nos podría contar alguna anécdota?

R.-Una de ellas es lo generosos que son porque dentro de su pobreza, a mí las mujeres siempre me estaban invitando a que fuéramos a la Sité. Los barrios periféricos donde la gente vive en la pobreza, no hay ni luz ni agua potable, tienen que ir a una fuente o a un grifo comunitario. Cuando íbamos, ellas se privan de comer carne pero, ese día que sabían que las ibas a ver, compraban un pollo y lo cocinaban. De pronto, en la casa, estaban todos los niñitos pequeños mirando toda esa comida con
unos ojos, increíble. Claro, otra compañera y yo intentábamos comer solo un poquitín de pollo y para ellos era como si les estuviéramos despreciando. Nos lo habían puesto para que nos lo comiéramos todo. Nosotras, incapaces, les decíamos que comieran pero ellos decían: "No, no, los niños comen luego" Fue un poco duro. Lo poco que tenían, lo daban, eran muy agradecidos.

Bueno viví muchas anécdotas, algunas no tan buenas. Por ejemplo, una mujer de los talleres falleció y vi cómo vivían ellos el duelo.

También, estuve allí durante los pillajes, una época en la que el dictador se sentía acosado por la democracia. Entraban por las tiendas con una metralleta, disparaban y se llevaban todo. Incluso, vinieron los paracaidistas belgas. 

P.-¿Cuál fue la reacción de tus hijos al ver esa realidad en el Congo?

R.- A mis hijos ya les habíamos preparado un poco. Tuvimos mucha suerte porque pudimos hacer una actividad como si fuese un campamento de verano en la escuela. Y ellos, como habían estudiado parte de la primaria en francés, pudieron dar clases a algunos niños como si fuesen clase de recuperación. 

A pesar de que, por las tardes, e incluso, unas semanas estuvimos viajando para conocer algunos parques de animales. Visitamos muchas minas porque mi marido había trabajado también en la empresa de electricidad. Para ellos, la mejor experiencia fue la de la escuela, les encantó.

Ellos lo que veían muchísimo era lo agradecidos que eran esos niños. Se quedaron alucinados de ver cómo esos pequeños agradecen todos lo que hacías por ellos. Hacíamos una pajarita de papel y le parecía maravilloso. Con nada, enseguida sacan la sonrisa rápido.

P.- ¿Qué otras cosas has hecho con Manos Unidas?

R.-Ahora, soy voluntaria aquí en Cáceres. Hacemos muchas actividades. Todos los años hacemos la campaña, un café solidario, festivales, exposiciones...

P.-Si alguien estuviera interesado en hacer el voluntariado, ¿a dónde debería acudir?

R.-Depende, si es un voluntariado para ir solamente en verano hay muchas asociaciones y organizaciones que lo organizan para jóvenes.

Personalmente, aconsejo un grupo en el que haya algo más detrás. Puede ser, un grupo religioso donde se comparta y ayude mucho a la persona a prepararse antes de irse y también para cuando se  vuelva porque, si ha vivido allí situaciones muy duras puede sufrir un shock y sentirse muy mal y deprimido.

Yo recuerdo las primeras vacaciones en las que regresé a España. Me marché por tres años y durante ese tiempo no volví a pisar mi país, me acuerdo que tuve que ir a comprar y cuando volví a casa no había comprado lo que mi madre me había dicho. Fue un shock tan grande de ver el supermercado lleno de todo, cuando yo había estado allí que no había en aquella época ni galletas María ni nada. Ahora, ha cambiado todo porque, en esa zona, han ido muchos extranjeros y hay más productos.

P.-¿Quieres añadir algo más?

R.-Animar a los jóvenes a hacer alguna vez este tipo de experiencias, porque, realmente, le cambia a uno la vida. A mí, me cambió la vida en muchos aspectos, también conocí allí a mi marido. Yo me marché allí por tres años y me gustó tanto que renové por otros tres. Es una experiencia que yo aconsejaría a todo el mundo, pero siempre que uno se prepare bien antes de ir. Yo me marché, gracias a Dios, con la obra misionera Ekumene y me ayudaron muchísimo a entender esa realidad que es 
tan diferente de la nuestra.