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Cáceres

REDACCIÓN: Natalia Menea Vehera, Carla Álvarez Polo, José Antonio Pinto Bermejo, Paula Pitarch de Felipe, Brenda Pardo Martín

Una Gran Tragedia

Una Gran Tragedia

En vísperas de Reyes, 16 mineros fueron fusilados en Cáceres durante la sangrienta Navidad de 1938.

Reportaje

02.04.2019 - Brenda Pardo

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 La represión franquista condenó a muerte a 95 vecinos de Cáceres. De ellos, 4 fallecieron en prisión, 29 en aplicación de los bandos de guerra, es decir, recibían disparos en cualquier lugar y 62 fueron fusilados por piquetes militares entre 1936 y 1941.

 Casi una tercera parte de los que acabaron ante un pelotón eran de Aldea Moret  y 16 de ellos llegaron a ser ejecutados en un solo día. Fue la mayor represalia contra un mismo colectivo. Estos mineros, en su mayoría padres de familia, que dejaron 17 viudas y más de 60 huérfanos, cometieron el delito de saber manejar la dinamita, una habilidad por la que se les relacionó con un posible golpe que se gestaba en Cáceres. Familiares e historiadores siguen sin encontrar indicios que confirmen ese extremo, pero se les juzgó y fusiló en menos de 24 horas. Sus testimonios se han perdido para siempre.

 Los 19 de Aldea Moret fueron protagonistas de una historia de guerra y barbarie que también afectó a Cáceres, pese a que siempre se haya minimizado el impacto de la contienda en esta ciudad.

 Sus historias han permanecido ocultas, sus viudas callaron, sus hermanos guardaron silencio, sus madres lloraron tras el umbral para no transmitir el rencor a la siguiente generación, para protegerla del miedo. «La represión no solo mató a las personas, mató sus testimonios y la memoria histórica», afirma José Hinojosa, historiador y profesor que investiga estos fusilamientos.

 Para entenderlo hay que remontarse a la época. En 1936, fecha del levantamiento de Franco, Aldea Moret era un barrio singular, el mayor núcleo industrial de la provincia. Aquello no era nada extraño en plena República.

Hubo además dos hechos muy significativos tras el golpe de Franco que crisparon el ambiente en la ciudad. Ese 18 de julio se celebraba el primer congreso del PC en Cáceres. Al enterarse del levantamiento, un grupo armado de las Juventudes Socialistas Unificadas salió de este encuentro, cogió una camioneta de reparto y se dirigió a la cárcel para evitar la liberación de los falangistas. Algunos de esos jóvenes resultaron heridos y acabaron fusilados. El segundo hecho ocurrió tres días después: un grupo de militares fue recibido a tiros en Aldea Moret, lo que puso al barrio en el punto de mira y provocó la condena a muerte de los primeros vecinos: Florentino Muñoz, alcalde pedáneo y Juan Pérez. Murieron el 27 de diciembre de 1937, año y medio después de lo ocurrido.

Solo unos días más tarde serían llevados al campo de tiro del cuartel Infanta Isabel otros 16 mineros para correr la misma suerte, aunque en este caso ni siquiera tenían afiliación política. Todos salvo uno reconocieron pertenecer a UGT, a la Casa del Pueblo, una vinculación lógica en la época, pero ni ellos entonces, ni sus familias hoy, dan testimonio de actividad en ningún partido.

Cuenta el historiador Julián Chaves que aquel diciembre de 1937se atrapó a Máximo Calvo, uno de los líderes del bando republicano en Extremadura. Murió al instante, pero se le encontraron documentos en su poder que fueron descifrados y transcritos por los militares. Uno de estos textos era un folio partido por la mitad y escrito a máquina que decía literalmente: «Los camaradas mineros de Aldea Moret con que podemos contar para la toma de Cáceres y que saben manejar la dinamita son los siguientes...(y este daba los 16 nombres)»

 Precisamente, algunos familiares sostienen que se les quitó del medio con esta excusa porque sabían manejar dinamita, una amenaza en tiempos de guerra. Los 16 mineros fueron arrestados solo un día después de la muerte de Máximo Calvo, el 28 de diciembre de 1937. Una semana más tarde, el 4 de enero, se reunió el consejo de guerra que los juzgó por el delito de rebelión militar. A ninguno de los acusados se les hicieron más de diez preguntas de puro trámite. Algunos estuvieron si acaso dos minutos ante el tribunal.

 El piquete estaba formado por 20 guardias civiles, 10 guardias de asalto y 20 miembros de la milicia nacional. Sus familias no pudieron verles en todos los días anteriores, ni supieron el paradero de los cuerpos. Siete meses después se pasó por las armas a Antonio Vélez, hijo de Deogracias Vélez, fusilado en enero. Fue el último de los 19 de Aldea Moret.

 Con el tiempo los familiares han sabido que los cuerpos estaban en la parte vieja del cementerio. Pero eso no significa que las familias de los fusilados hoy en día hayan olvidado esta terrible tragedía de sus antepasados y que quedó marcado para la historia de Aldea Moret. Después de más de ocho décadas de lo ocurrido todavía no sabemos porque Máximo Calvo eligió a estos 16 hombres para fusilarlos.