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Badajoz

REDACCIÓN: Santiago Cañón Ruiz-Calero, Alberto Llano Hernández, Félix Álvarez Gragera, Joaquín García Olea, Julio Pérez Ruiz

'Me impresiona su preocupación por los más pobres y cómo se enfrenta a los problemas de la Iglesia'

'Me impresiona su preocupación por los más pobres y cómo se enfrenta a los problemas de la Iglesia'
Alberto Llano. CEDIDA

Hemos entrevistado al emeritense Juan Antonio Guerrero Alves. Es jesuita desde 1979. Actualmente está en Roma en la Curia General.

18.03.2019 - ALBERTO LLANO. BADAJOZ

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El emeritense Juan Antonio Guerrero Alves es jesuita desde el año 1979. Entró en el noviciado cuando tenía 20 años y fue ordenado sacerdote en 1992. Hoy día está en Roma en la Curia General. El año pasado, los ejercicios espirituales estuvieron dirigidos por el Papa Francisco, y en 2006, el entonces cardenal argentino Jorge Mario Bergoglio, ahora Papa Francisco, fue el encargado también de llevar los ejercicios espirituales de los obispos españoles. Ambas funciones, las ejerce este año el Padre Guerrero Alves.

Pregunta. ¿Cuánto tiempo lleva predicando?

Respuesta. Hace 27 años que fui ordenado sacerdote. Ahí se puede situar el comienzo de la predicación, aunque antes mientras me preparaba como estudiante jesuita (durante 13 años), y también después de ser sacerdote, hice cosas que se acercan, más o menos, como dar charlas, conferencias, ejercicios espirituales, acompañar grupos de jóvenes, orientación espiritual, etc.

P. ¿Qué es lo que más le impresiona del Papa Francisco?

R. Su amor a Cristo, su preocupación por los más pobres y excluidos, y la determinación con que enfrenta los problemas de la Iglesia en unos tiempos muy difíciles. Y una cosa que me gusta mucho de él es cómo nos trata a los jesuitas, sus hermanos de congregación, que nos trata con mucho cariño pero sin ningún favoritismo.

P. ¿Requiere mucha preparación la predicación?

R. Sí. O al menos debería requerir mucha preparación. Para poder enseñar a otros hay que formarse bien: conocer bien la Palabra de Dios, amarla, haberla gustado antes, saboreado, orado. También es importante la tradición de la Iglesia y conocer el mundo en que vivimos, su cultura,  y las personas y los problemas que enfrentan las personas a las que se predica. Con esto me refiero que antes de lanzarse a predicar hacen falta unos años de estudio y oración, de conocimiento interno de Cristo. 
Luego hay que preparar cada predicación, remotamente, cultivándote con buenas lecturas espirituales, bíblicas, teológicas, culturales, para mantenerte al día y cuidando tu vida espiritual, para hablar de lo que crees, no como un funcionario.

Y cercanamente hay que preparar y orar lo que vas a predicar en la homilía, meditación, charla o conferencia que vas a dar. Pero has de ser muy consciente de que, aunque te has preparado y has preparado lo que vas a decir, lo que más importa no es lo que tú dices, sino la Palabra de Dios que intentas transmitir y lo que a través de ella el Espíritu Santo actúa en cada persona.  

P. ¿Alguna vez ha notado de modo especial la presencia del Espíritu Santo en alguien cercano?

R. Sí, muchas veces. He visto muchas personas que han experimentado una palabra personal de Dios en sus vidas y por ella, movidos por el Espíritu Santo, han hecho opciones de vida para seguir a Cristo de algún modo particular. También he tenido la suerte de vivir con hombres santos llenos de Espíritu Santo, personas que te transmiten los dones del Espíritu: alegría, paz, sabiduría, fe, etc.

P. ¿Alguna anécdota en las predicaciones?

R. Recuerdo que un año nos pusieron la feria del barrio al lado de la parroquia donde vivía. Y alguna vez en la misa las músicas de los coches eléctricos, o las frases de la tómbola interrumpían la homilía: y era algo cómico y molesto. Negociamos con los feriantes para que durante la misa nos respetaran y no pasó más.   

P. Cuando le ofrecieron ir a Roma, ¿Cómo reaccionó? ¿Qué pensó?

R. Vivía en Mozambique, construyendo una escuela, llevando adelante muchos proyectos, con bastantes responsabilidades en un contexto muy pobre. Mi reacción fue decir a mis superiores que haré lo que ellos vean mejor. Para esto no tuve que pensar, confié en lo que ellos hubieran pensado. No pensé en lo que me esperaba en Roma hasta que llegué a Roma. Lo que me quitó el sueño ?cosa poco frecuente en mí- la primera noche después de la llamada de Roma y me ocupó el pensamiento el mes que aún estuve en Mozambique, los 15 días que anduve por Europa hasta llegar a Roma, fue cómo dejar del mejor modo posible lo que estaba haciendo,  pasárselo a otros, buscar a quién, pasarle los contactos, pues eran muchas las personas e instituciones que nos ayudaban desde España y Europa.

P. ¿Qué Le gustaría decir a la gente joven sobre la vocación?

R. Brevemente tres cosas: 

- Que hagan lo que hagan, traten de vivir como Jesús, amando como él, sirviendo como él, haciendo el bien como él?

- Que nunca hay que elegir entre Dios y la Felicidad, que la felicidad se encuentra en Dios, en hacer su voluntad, en vivir en comunión con Él?

- Y que a Dios que nos lo ha dado todo, debemos responderle con todo, sin reservas. Decía un compañero mío que murió joven que ?la diferencia entre darlo todo y casi todo parece pequeña, pero en realidad es infinita?. 

P. ¿Qué consejo le daría a la gente joven sin fe?

R. Esta respuesta, en general, es más difícil. Si es una persona que la ha perdido, ha tenido una experiencia negativa en la Iglesia, y está rebotada, no es lo mismo que una persona que no ha oído hablar de Jesús. No es lo mismo una persona que busca, que vive su falta de fe con preocupación, que una persona que es completamente indiferente. Unas veces hay que insistir y aconsejar en tomar caminos de bien, de amor y servicio, otras veces aconsejar alguna buena lectura, algún buen grupo, alguna buena actividad que pueda servir de acceso a la fe, otras veces, como en el Evangelio ayuda decir venid y veréis, pasar un tiempo con una comunidad religiosa o en un monasterio, o colaborando en alguna obra de alguna comunidad cristiana.