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Mérida

REDACCIÓN: Mario Galán Cruces, Dmytro Shiskin Pelykh, Vanessa Tapia Sánchez, Blanca Orgaz Coloma, César Rozalem Fajardo, César Fernández Rivero

Cuando El Empecinado llenó Cáceres de terror y las bibliotecas quemadas

Cuando El Empecinado llenó Cáceres de terror y las bibliotecas quemadas
El Empecinado

Juan Martín Díez, llamado "el Empecinado", fue un militar español, héroe de la guerra de la Independencia

Planes

26.04.2020 - Blanca Orgaz

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Pasada la una de la tarde, Caridad siempre hace lo mismo. «Voy a ver el parte de Guerra», dice, y mira en Hoy.es la información diaria de la Junta de Extremadura con los muertos en las últimas 24 horas por coronavirus, indicando los fallecidos en cada una de las ocho áreas de salud de Extremadura. Luego se levanta renqueante de la silla de ruedas y, apoyándose en los muebles, se acerca a un tablón para apuntar los muertos en un estadillo. Ahí lo tiene todo detallado, desde la primera muerte de Arroyo de la Luz, el 11 de marzo, hasta los más de 400 que llevamos. El pasado jueves, tras apuntar, hizo un triste resumen: «Ya han caído en esta guerra 407 personas en Extremadura, 208 son del área de salud de Cáceres, más de 90 en residencias de ancianos de la ciudad de Cáceres. ¡Maldita guerra!».

Como estaba viendo que se me andaba alterando, me acordé de lo que me dijo la compañera María Fernández: «Engánchale a la serie El Ministerio del Tiempo, que va de historia de España y le va a gustar». Le puse el primer capítulo, y empecé a planchar ropa, viendo que el remedio estaba siendo peor que la enfermedad.

En el primer capítulo, gente actual del Ministerio se trasladan a la España de 1808, e intentan que no muera antes de tiempo El Empecinado, ya que tiene que vencer a los franceses con su guerra de guerrillas, y convertirse en un héroe de la Guerra de la Independencia Española. Cuando trasladan en el tiempo a un equipo de UCI móvil para curarle, Caridad, que llevaba tiempo removiéndose en su silla de ruedas, comenzó a gritar:

–¡No le salvéis! ¡Dejarle que se muera! Que bastante nos la lió en Cáceres.

–Pero ¿Qué pasa? ¿Es que no puedes ver la televisión sin alterarte? – dije dejando de planchar el envés del cuello de una camisa.

–Es que este hombre – señaló con una mano al protagonista que estaba como agonizando mientras le ponían un gotero –. Ese de ahí, organizó una matanza en Cáceres que ni pa qué, hace de ello casi dos siglos, en octubre de 1823. ¿No sabes que El Empecinado estuvo aquí?

–¡Qué va a saber este juntaletras! – dijo entonces el difunto Sanjosé, que no me había dado cuenta de que estaba viendo también la serie repantigado en el sofá.

–Vaya. El que faltaba – dije temiéndome lo peor.

Los dos empezaron a hablar de Juan Martín Díez, llamado El Empecinado, un personaje que no sabía yo que para unos era un héroe y para otros un villano. «En la serie que en 1976 hizo Antonio Gala para Televisión Española – dijo Sanjosé –, que creo que se llamaba Paisaje con Figuras, Gala lo describió de una manera curiosa: 'Español de los pies a la cabeza, inculto y prodigioso. El mejor guerrillero de la Guerra de la Independencia'. Benito Pérez Galdós también le dedicó una novela en sus Episodios Nacionales».

Dijeron que había nacido en 1775 en Castrillo de Duero, un pueblo de Valladolid, y que siendo labriego en 1808 empezó a luchar contra los invasores, después de matar a un soldado francés que había violado a una vecina. Luego fue ganando eficacia en sus guerrillas, hasta llegar a mandar a 6.000 hombres. Los franceses intentaron capturarle deteniendo a su madre. La respuesta del hijo fue que si no la soltaban fusilaba a 100 soldados franceses... y la soltaron.

Terminó la Guerra siendo ascendido a mariscal. Era enemigo de Fernando VII, que le desterró a Valladolid, pero volvió a las armas para apoyar el levantamiento militar de Riego, y enfrentarse al peor rey de España.

–Pero bueno - dije yo un poco cansando de tanta historia –. ¿Qué es lo que hizo en Cáceres?

–Pues en 1823 vino a Extremadura escapando de los Cien mil hijos de San Luis, que pusieron al inútil de Fernando VII en el trono como rey absoluto – explicó el compañero enfermo –. El 12 de octubre llegó con sus tropas a Aldea del Cano, y al día siguiente vino a Cáceres, pero aquí ya estaba un gobierno partidario de Fernando VII, y después de andar batallando seis horas, El Empecinado se retiró a Casar de Cáceres. Pero volvió el 17 de octubre y se lió gorda.

–¿Qué pasó? – pregunté.

–Pues por la mañana, a las nueve y media, sus jinetes quemaron el monasterio de San Francisco; para luego atacar por el lado opuesto, por San Blas, por donde llegaron hasta el consistorio, en la Plaza Mayor. A las cuatro de la tarde la ciudad ya estaba vencida, al rendirse los últimos en la calle Moros (ahora General Margallo). Empezaron entonces los fusilamientos de cacereños, y las violaciones a las mujeres.

–Hay historiadores como Publio Hurtado – añadió Sanjosé –, que cuentan que mataron a niños de pecho junto a sus madres. Que se encontraron cadáveres sin ojos y algunos a los que les habían cortado sus órganos genitales para ponérselos en la boca. Un horror que duró tres días, porque no se fueron hasta el día 19 por la mañana. Dejaron aquí 36 muertos, 75 edificios incendiados y 43 casas saqueadas, muchas de ellas eran palacios.

Caridad me enseñó una foto de 1886 de la Plaza Mayor. «Mira, en esta casa apuntalada – me dijo señalando un edificio – estaba la cárcel de la villa. Aquí tuvieron presos a varios realistas, a los que sacaron a las ocho de la mañana del día 18, y los fusilaron justo al lado, en donde ahora están las escaleras del Ayuntamiento. Por cierto, cuando ocurrió la masacre no estaba el edificio, porque se inauguró en 1869».

Contaron que El Empecinado se escondió en Portugal, y que llegaron los realistas otra vez a Cáceres. Se detuvo a 17 liberales que terminaron en el patíbulo; menos uno, un tal Juan Crisóstomo Rubio que logró morir envenenado en la cárcel. No debió ser muy listo El Empecinado, porque hubo una amnistía en 1824. Preguntó al Gobierno si podía volver a España después de todo lo que había hecho. Le dijeron que sí y él, creyéndolo, pisó tierra española y fue apresado, ajusticiándole en Roa de Duero (Burgos) el 20 de agosto de 1825. Tenía 49 años. Le ahorcaron como si fuera un bandolero, cuando él quería morir fusilado como un militar.

Se enfrascaron entonces los dos amigos en ver cuál fue la peor guerra para Cáceres: si aquella de hace dos siglos, o esta del coronavirus, y los dos llegaron a la conclusión que esta. «Mirad – dijo Sanjosé –Hubo una buena consejera socialista de Acción Social en Extremadura, María Ángeles Bujanda, que murió en accidente de tráfico el 29 de enero de 1988. Me acuerdo que cuando yo trabajaba no se cansaba de repetirme lo importantes que son los ancianos, y me repetía una frase de Amadou Hampâté, un escritor de Malí del siglo XX: 'cuando un anciano muere, una biblioteca arde'. Con El Empecinado en Cáceres hubo muertes, sí; pero no tantas como ahora, cuando vemos que el fuego está acabando con cientos de bibliotecas a nuestro alrededor».

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